Me llamo Juan Daniel Arraspide Porta (ese mi nombre
completo) aunque se me conoce simplemente como Daniel Arraspide, nombre que
adopté desde pequeño con el fin de evitar que se me confunda con mi viejo que
se llama Juan.
Nací en el “Altar de La Patria”, la ciudad de Florida, lugar
donde se declaró la independencia del Uruguay 147 años antes de que yo naciera.
Me crié entre las cacerolas de mi madre y los perfumes de los platos de mi
abuela Renee – a quien desde siempre llamo Yaya – en años difíciles cuando no
había computadoras, y la tele – si tenías suerte de tenerla – era blanco y
negro.
De chico no entendía mucho por qué unos señores
uniformados peinados a la gomina hablaban irrumpiendo en medio de la
programación radial o televisiva con música militar anunciando “medidas de
seguridad” o “decretos”, y pretendían hacer aprender a la gente hablar correctamente
en tiempos que era difícil el simple hecho de poder hablar.
Por alguna razón, luego – ya con algunos años más – esos
mismos señores me recordaron a los animales prehistóricos de los que nos
hablaba la maestra en la escuela, pues si bien esos animales (los dinosaurios,
claro) son una especie extinta, aún se encuentran sus fósiles.
De gurí vi renacer la democracia, y trabajé en cuanta
cosa se me ocurrió, hasta que encontré una vocación siendo muy joven que fue la
fotografía, y que luego me llevó a estudiar del tema e inclusive a desempeñar
tareas para reconocidas empresas fotográficas (Kodak, Fuji) y medios de
comunicación como fueron la extinta Revista Posdata y la Revista Sobremesa de
España.
Con 23 años me casé con Andrea, la mujer que me dio los
dos mejores regalos que me podía haber dado alguien en la vida, a Marcos y
Mateo, dos tesoros a quienes amo y quiero ver el día de mañana convertidos en
hombres…. para ello trabajo duramente!
Las vueltas de la vida, mi pasión por el arte, y el
trabajo me llevaron un día a vincularme casi de casualidad con el vino. Diferentes
a los que se tomaban en la casa de Juan y Graciela (mis viejos) apenas los
domingos con los tallarines o el asado y del que papá me servía “un chorrito”
cuando yo tenía solo 8 - 9 años “para darle color” al vaso con agua y azúcar.
El consumo moderado – algo que se me inculcó desde el
hogar – me llevó luego a querer aprender, a leer, a estudiar, a viajar, y a
formarme como sommelier, para luego combinar ese conocimiento con la
comunicación (otra de mis pasiones) y canalizar así lo que hoy es mi medio de
vida.
Soy mi propio jefe, y a veces (casi siempre) trabajar
como comunicador especializado en vinos no es fácil, pero es una tarea que me
fascina y llena de satisfacciones. A mucha gente le gusta lo que escribo, a
otros no tanto. Se podría decir que tengo tantos seguidores como detractores.
En fin, como alguien dijo, “son gajes del oficio” y no se puede estar bien con
Dios y con el diablo.
A veces me duele la cabeza y hasta me puede irritar tanta
hipocresía y acomodo que se puede escuchar, ver, oler y palpar en el mundo del
vino, pero no me preocupa que ello sea así pues prefiero mirar al horizonte que
perder el tiempo mirando para el costado.
Soy autocrítico y enseño (o sugiero) que los demás
también lo sean… no siempre me escuchan, por más que últimamente vengo
levantando la voz más de lo habitual.
Afortunadamente tengo (además de mi familia) a un puñado
de muy buenos amigos que me contienen y me hacen el aguante cuando “las papas
queman”, y para cuando a ellos (y a mí mismo) nos supera la situación, tengo a
unos buenos abogados que saben defenderme. Tengo muchas cosas en contra, pero una de ellas puede hasta
ser considerada por algunos una virtud, y por otros una desventaja: no se
callarme la boca, por lo que podría autodefinirme como políticamente
incorrecto.
Se de gente que se levanta a las 6 de la mañana (sobre
todo algunos que tienen cola de paja) solo para ver lo que escribí en mi sitio www.vinoybebidas.com , o lo que posté en
el facebook….. ahora también podrán leerme aquí en este mi nuevo blog.
Espacio de opinión que estoy lanzando para escribir de
los más diversos temas, de los que considere puedan interesar a alguien, de la
carrera de un tipo sin escrúpulos que se convirtió en político, de aquel que no
le importa nada y pretende pasar por encima de todo y todos los que se le
interpongan en su camino hacia el poder, etc., etc.
Y hablando de política, también diré que hoy me
autodefino apolítico, que si bien yo si los voté (a todos en su momento) en la
actualidad no creo en ellos, y que hoy estoy convencido no en aquello del “que
se vayan todos”, pero sí en el “son todos la misma” cosa (para ser delicado y
no colocar otra palabra)
Sí creo en Dios, a mi manera, que no es lo mismo que
creer o profesar una religión. Y a Dios me encomiendo todos los días, sobre
todo luego de aquel tremendo accidente de tránsito en junio del 2009 cuando
nací de nuevo junto a mi familia.
Soy trabajador y un viajero incansable. La búsqueda por
nuevos horizontes, el querer conocer cosas que el mercado uruguayo infelizmente
aún no ofrece me ha llevado, junto a mi
compañera de la vida a recorrer interminables miles de kilómetros en auto, avión
u ómnibus, que han posibilitado conocer nuevos terruños, en donde se hacen
cosas diferentes y que aprendimos a valorar.
Confeso amante de los buenos vinos y espumantes
brasileros, paso buena parte del año viajando entre Montevideo y Rio Grande do
Sul (lugar que considero mi segunda casa) en donde tengo muchos amigos que han
sabido ganarse mi respeto.
Pues bien, les presento este blog en un momento en que
estoy jugando una pulseada, y que tengo fe que voy a ganar, si es que se hace
justicia. Quedan con ustedes mis respetos por tomarse el trabajo de leerme.
Salud